EL COMIENZO DE UN SUEÑO

La primera vez que vimos fotos de La Venta de Miyares , fue en internet. La vendían a través de un portal inmobiliario muy conocido. 
Nos maravilló la majestuosa fachada de piedra, su inmensa cocina, el salón con sus muebles de época, el comedor con su lámpara de cristal y sus paredes pintadas como si fueran de madera, los suelos cerámicos, la gran escalera de madera que subía a la primera planta, los techos de algunas habitaciones con impresionantes pinturas artísticas, la gran galería de madera que inundaba de luz la planta superior y sobre todo, verlo como si los años no hubiesen pasado. Estaba todo tan bien conservado e intacto, que parecía que todavía vivían allí sus dueños indianos.

 A partir de ahí, comenzamos a investigar para saber dónde estaba exactamente. La localizamos a través de un amigo, que tenía una agencia inmobiliaria en el oriente de Asturias. El lugar era Miyares, un pequeño pueblo asturiano del concejo de Piloña, a los pies de la cara sur de la Sierra del Sueve, a 50 kilómetros de Oviedo y a 20 de Cangas de Onís y Covadonga.
Así que un lluvioso y frío día de noviembre, nos presentamos ante su impresionante verja completamente cerrada. Como escribió Paulo Coelho en el Alquimista: «Cuando quieres algo, todo el universo conspira para que realices tu deseo» y eso fue exactamente lo que ocurrió.
Ese día hacía tanto frío, que después de estar en la puerta de la casa mirando desde fuera un buen rato, decidimos calentarnos en el pequeño bar del pueblo. Preguntamos a Pilar, la dueña, si conocía a los propietarios de la casa de indianos y no solo los conocía, sino que tenía su teléfono.
Hablamos con Germán, uno de los dueños, y nos comentó que si queríamos verla, pidiésemos las llaves a Mino o a su nieta Lorena, que vivían enfrente. Y eso hicimos. Mino es un hombre que, a pesar de su avanzada edad, tiene una prodigiosa memoria. Nos acompañó y guió en esta primera visita, contándonos anécdotas e historias interesantes sobre la casa y sus moradores que nos entusiasmaron. En ese momento nos enamoramos definitivamente de ella y decidimos intentar comprarla.
17 agosto 2018 -  Después de arduas conversaciones con Germán y Luisa, herederos directos de D. Fernando Pintueles, el indiano que mandó construir La Venta de Miyares en 1898, llegamos a un acuerdo muy interesante para nosotros y el 17 de agosto de 2018 nos convertimos en sus nuevos propietarios, dando comienzo a nuestro precioso sueño.

LA ESENCIA DE LA VENTA DE MIYARES

Para entender y sentir la esencia de La Venta de Miyares, debemos conocer primero, quienes fueron los indianos y porqué mandaron construir sus impresionantes casas.
Los indianos fueron los españoles, sobre todo de Galicia, Asturias y Cantabria, que a finales del siglo XIX y principios del XX, emigraron a América en busca de una vida mejor y las casas de indianos, la manifestación más notable y usual que utilizaron para mostrar a sus paisanos su riqueza.
Este, fue el motivo principal de la construcción de La Venta de Miyares . En 1898, Fernando Pintueles, regresó triunfador a Miyares, su amada aldea natal de Asturias, procedente de Puerto Rico, donde había conseguido hacer fortuna con el negocio de exportación de café. Mandó construir La Venta, una gran casa de  estilo ecléctico (muy de moda en esa época), para utilizarla solo unos pocos meses al año, cuando él y su familia volvían a España para pasar el verano en Asturias y dónde terminaría finalmente sus días después de retirarse.
No conocemos el nombre del arquitecto al que encargó el trabajo, pero sí que utilizó materiales de primerísima calidad que han hecho que la casa se haya conservado en excelentes condiciones hasta nuestros días.

  La Venta de Miyares tiene una distribución peculiar y unas características que la hacen única, motivo por el que está catalogada y protegida por Patrimonio Cultural del Principado de Asturias, como por ejemplo: techos con pinturas decorativas de alto valor artístico en varias estancias, suelos hidráulicos y de madera originales, una preciosa estufa de hierro fundido en el hueco de la escalera, la impresionante verja que recorre todo el jardín, la majestuosa escalinata de piedra exterior junto a la maravillosa fachada principal, el elegante mobiliario, los relojes, las lámparas, los cuadros…, todos estos elementos y muchos más, conforman el alma de La Venta de Miyares y tal como los encontramos, es como queremos mostrarlos al mundo: conservando y respetando al máximo su autenticidad, sin transformarlos, ni destruirlos, solo intentando que con la mínima intervención por nuestra parte, recuperen su esencia y esplendor originales.

HISTORIA DE UN INDIANO


Fernando Pintueles fue un joven oriundo de Miyares pequeño pueblo situado en el oriente de Asturias, en el Concejo de Piloña, que a mediados del siglo XIX y con el beneplácito de sus progenitores, embarcó rumbo a Puerto Rico en busca de una vida mejor.
Lo hizo como lo hacían muchos jóvenes asturianos en su época: agregados a una gran casa comercial, de propietarios también asturianos, que se ocupaba de sus pasajes en barco, traslados hasta el destino, manutención y alojamiento, a cambio de aprender el negocio y trabajar de sol a sol, entregándose en cuerpo y alma a su «nueva familia».
Fernando era un buen mozo en todos los sentidos: alto, fuerte y guapo, a la vez que inteligente y con carácter, no tardó mucho en ganarse la confianza de D. Manuel Fernández Alonso, dueño y fundador de Fernández y Cía , una de las exportadoras de café más importantes de la isla, situada en Ciales un municipio en la zona central montañosa de Puerto Rico.  Fernando, se fue convirtiendo poco a poco en su mano derecha y D. Manuel, muy preocupado por el futuro de su empresa y de su hija mayor, Ricarda, siempre muy delicada de salud, le concedió la mano de ésta y la dirección de su amada empresa cuando se retiró unos años después, pasando a llamarse desde ese momento: F. Pintueles & Cía o Casa Pintueles, como sería más conocida.

 

LA CASA PINTUELES 


Cuando Fernando Pintueles se hizo cargo de la exportadora de café de D. Manuel Fernández, lo primero que hizo fue sustituir su nombre original por F. Pintueles & Cia, porque su intención era cambiar e intensificar los negocios de la empresa y darles su propia impronta.

Por esa época, Ciales era un pueblo pequeño pero bien organizado en barrios. Las instalaciones de la Casa Pintueles, como sería más conocida, ocupaban la zona central del municipio con oficinas, cuadras, almacenes, talleres, una tahona, el alojamiento de los empleados y la casa donde residía el dueño y su familia.

Como funcionaba la Casa Pintueles -  A principios del siglo XX, la producción de café estaba en auge y el café de Puerto Rico era considerado el mejor. D. Fernando Pintueles supo aprovechar el momento, utilizando agencias comerciales en distintas ciudades de Europa y América. Cuando estas enviaban un pedido, la perfecta maquinaria de la Casa Pintueles se ponía en marcha para cumplir los plazos de entrega: compraban el café directamente a los cultivadores, lo trasladaban a sus instalaciones para tostarlo en los grandes bombos que funcionaban con vapor, seleccionaban y envasaban el mejor grano, lo transportaban en carretones tirados por mulas hasta la estación de tren de Manatí y de ahí al puerto de la capital, San Juan, donde embarcaba rumbo a su destino.

Los otros negocios -  El negocio del café iba viento en popa y Fernando Pintueles decidió probar con otras actividades. Construyó un gran almacén de comestibles y diversas mercancías con tienda. De esta manera abastecía a las Haciendas cercanas con todos los productos que podían necesitar, por lo que era habitual ver a sus puertas, gran cantidad de mulas descargando el café que se había cosechado en las Haciendas y volvían a estas cargadas de comestibles y herramientas.
Estos fueron los años en los que la familia Pintueles/Fernández , al completo, viajaba anualmente a España, para alojarse los meses de verano en La Venta de Miyares y regresar a Puerto Rico al inicio del otoño.

Cuando D. Fernando Pintueles proyectaba ampliar sus negocios a principios del siglo XX , aparició un hombre clave para el futuro de La Casa Pintueles: Elías Torre , otro asturiano que tuvo la suerte de ganar un premio en la lotería de Santo Domingo cuando trabajaba de dependiente en F. Pintueles & Cía y decidió invertir su dinero en la empresa, convirtiéndose de forma inmediata en socio de la misma y más tarde en yerno y sucesor de D. Fernando.

Elías Torre era el hijo que D. Fernando hubiera querido tener: listo, educado, con visión de futuro y muy trabajador, en vez de Fernando, su verdadero y único hijo varón, que prefirió disfrutar de la vida y dedicarse a otras cosas en Madrid, sin intención de trabajar en el negocio familiar. Tal y como hizo en su momento D. Manuel Fernández con su primogénita Ricarda, con el fin de salvaguardar el futuro de su legado, Fernando Pintueles concertó el casamiento de su hija mayor , Ramona, con Elías Torre en 1910.

 A partir de 1912, D. Fernando fue delegando la dirección de la empresa a su yerno. Con Elías Torre casi totalmente al timón, Fernando Pintueles pasaba mucho más tiempo en España, en La Venta de Miyares y sólo regresaba a Puerto Rico cada uno o dos años, para recoger sus ganancias.


Sin duda, la época dorada de la Casa Pintueles fue la primera guerra mundial, donde el café escaseaba y era muy demandado sobre todo en Europa. Lo que para muchos fue una gran tragedia, para unos pocos fue una oportunidad y La Casa vio incrementar sus ganancias de forma considerable, invirtiéndolas a su vez en ampliar y diversificar aún más sus negocios, como por ejemplo: la crianza y venta de ganado, la compra y venta de productos puertorriqueños y la venta de tabaco a los Estados Unidos. 

Tras la primera guerra mundial las ganancias se multiplicaron, pero llegó 1918 y la gran depresión, que provocó la caída del mercado mundial y grandísimas pérdidas a la Casa Pintueles, ya que muchos de los pedidos se anularon y otros que ya estaban en marcha camino a sus destinos, se perdieron irremediablemente.
D. Fernando , a pesar de su edad, decidió volver a Ciales para ayudar a su yerno que estaba enfermo. Gracias a su determinación e inteligencia, pudo salvar la empresa de una bancarrota segura, aunque la Casa Pintueles ya no pudo recuperar su esplendor de antaño.


El fin de la Casa Pintueles -  Tiempo después, Fernando Pintueles volvió a Miyares y no regresó nunca más a Puerto Rico. Murió en La Venta en 1928.
Elías Torre, muy delicado de salud , viajó también a Miyares con su familia y mandó construir una preciosa casona muy cerca de la de su suegro, donde moriría pocos años después. 
La Casa Pintueles en Puerto Rico, quedó en manos de administradores que no evitaron su caída y poco a poco fue desapareciendo. En Ciales, hoy en día aún quedan el pie algunos edificios, como la casa solariega, pero la mayoría se han derrumbado con los años o han sido destruidos.

Aquí acaba una parte de la historia de los primeros moradores de La Venta de Miyares, pero la saga familiar continúa…

LA SAGA CONTINÚA

Tras la muerte de D. Fernando Pintueles y su esposa Doña Ricarda Fernández en 1928, La Venta de Miyares quedó en manos de sus hijos Fernando, Ramona (casada con Elías Torre) y Luisa. Esta última fue la que finalmente se hizo cargo de la propiedad, ya que sus dos hermanos fallecieron prematuramente en 1934, dejándola a ella como única heredera.


Luisa Pintueles Fernández, nacida en Ciales (Puerto Rico) en 1891, contrajo matrimonio con Manfredo Palacio y Navarro, con el que tuvo cinco hijos: Manfredo, Luisa, Margarita, Aurora y María Teresa.
Durante años, los esposos disfrutaron con sus hijos y después con sus nietos, de unos encantadores veranos familiares en Miyares, hasta 1966, año en el que fallece Dña. Luisa y La Venta pasa a ser propiedad de su segunda hija, Luisa.


Luisa Palacio Pintueles nació en 1910, también en Puerto Rico, cuando La Casa Pintueles era una próspera empresa. En 1933 se casó en España con el abogado, escritor, crítico literario y ensayista Ricardo Gullón, nacido en Astorga en 1908, Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1989 y miembro de la Real Academia de la Lengua Española en 1990.

Ricardo Gullón nació en Astorga en 1908 y falleció en Madrid en febrero de 1991.
Hijo de abogado, no tuvo más remedio que estudiar derecho, aunque no era lo que realmente le gustaba. Su sueño era ser escritor y desde muy joven luchó por cumplirlo. En la universidad contactó con intelectuales de la época, como Ortega y Gasset, que le invitó a participar en Revista de Occidente. En 1933, tras aprobar la oposición a fiscal, fundó la revista Literatura y se casó con Luisa Palacio Pintueles, nieta de D. Fernando Pintueles, el indiano que mandó construir La Venta de Miyares en 1898.


La guerra civil y sus consecuencias -  Ya como fiscal fue destinado a Soria y apenas 3 años después, al estallar la guerra civil, el matrimonio de trasladó a Alicante, donde trabajó para el ejército republicano. Tras la guerra, cumplió tres años forzosos de inhabilitación, tras lo cual fue destinado a Santander, como teniente fiscal. Los años santanderinos fueron años muy productivos desde el punto de vista literario, pues escribió varios libros. Fue cofundador de la Escuela de Altamira, una asociación de críticos y pintores que dio un enorme impulso a la vida cultural del Santander de posguerra.


Juan Ramón Jiménez y el periplo americano -  Ya siendo jefe fiscal de la audiencia provincial, su gran amigo, Juan Ramón Jiménez , muy delicado de salud tras la muerte de su esposa Zenobia, le llamó desde su exilio de Puerto Rico para que le ayudara a organizar sus obras . No se lo pensó, dejó España y la carrera fiscal en 1956 con su esposa y sus tres hijos, Soledad, Luisa y Germán, rumbo a su propia aventura americana.
Juan Ramón Jiménez enfermo y con un carácter difícil, encontró en Ricardo Gullón la ayuda necesaria para organizar sus escritos y un gran apoyo tras la muerte de Zenobia. Fruto de estas vivencias nació el libro: Conversaciones con Juan Ramón, muy significativo ya que éste falleció poco tiempo después.
De Puerto Rico viajó a Estados Unidos, donde la Universidad de Texas en Austin, le ofreció un puesto de catedrático que aceptó gustosamente; así empezó su periplo norteamericano, que le retuvo en Austin quince años, con varios períodos como profesor visitante en Stanford, la Universidad de Nueva York y la Universidad de California en Los Ángeles, hasta que en 1974 se trasladó a la Universidad de Chicago, institución a la que estuvo unido seis años, para pasar luego a la Universidad de California, Davis, donde casi a sus ochenta años siguió impartiendo cursos de doctorado.


Y llegaron los premios -  Trabajador incansable, obtuvo su recompensa sin pedirla, convirtiéndose en el primer crítico literario al que concedieron, en esa época, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1989 y nombraron miembro de la Real Academia de la Lengua Española en 1990.
Sus estancias en La Venta de Miyares siempre fueron constantes, pero se intensificaron tras heredar la casa su esposa, Luisa Palacio Pintueles. Parece ser que los veranos se alojaban allí con sus hijos, sobrinos y otros familiares. Tras su muerte en febrero de 1991, su mujer siguió pasando los veranos en Miyares rodeada de su familia hasta su fallecimiento. La casa quedó en manos de sus hijos y nietos, que disfrutaron de ella durante años, hasta que decidieron venderla en 2018.


Y ahí aparecimos nosotros, justo en el momento oportuno, cuando el universo entero conspiró para hacer posible que nuestro sueño comenzara.