La esencia de La Venta de Miyares

Para entender y sentir  la esencia de La Venta de Miyares, debemos conocer primero, quienes fueron los indianos y porqué mandaron construir sus impresionantes casas.

Los indianos

Los indianos fueron los españoles, sobre todo de Galicia, Asturias y Cantabria, que a finales del siglo XIX y principios del XX, emigraron a América en busca de una vida mejor y las casas de indianos,  la manifestación más notable y usual que utilizaron para mostrar a sus paisanos su riqueza.

Fernando Pintueles, un indiano más

Este fue el motivo principal de la construcción de La Venta de Miyares. En 1898, Fernando Pintueles, regresó  triunfador  a Miyares,  su amada aldea natal de Asturias, procedente de Puerto Rico, donde había conseguido hacer fortuna con el negocio de exportación de café. Mandó construir La Venta, una gran casa de arquitectura colonial, para utilizarla sólo unos pocos meses al año, cuando él y su familia volvían a España para pasar el verano en Asturias y dónde terminaría finalmente sus días después de retirarse.

No conocemos el nombre del arquitecto al que encargó el trabajo, pero sí que utilizó materiales de primerísima calidad que han hecho que la casona se haya conservado en excelentes condiciones hasta nuestros días.

Características únicas

La Venta de Miyares tiene una distribución peculiar y unas  características que la hacen única, motivo por el que está catalogada y protegida por Patrimonio Cultural de Asturias, como por ejemplo: techos con pinturas decorativas de alto valor artístico en varias estancias, suelos hidráulicos y de madera originales, una preciosa estufa de hierro fundido en el hueco de la escalera, la impresionante verja que recorre todo el jardín, la majestuosa escalinata de piedra exterior junto a la maravillosa fachada principal, el elegante mobiliario, los relojes, las lámparas, los cuadros…, todos éstos elementos y muchos más, conforman el alma de La Venta de Miyares tal como los encontramos, es como queremos mostrarlos al mundo: conservando y respetando al máximo su autenticidad, sin transformarlos, ni destruirlos, solo intentando que con la mínima intervención por nuestra parte, recuperen su esencia y esplendor originales.