Un Príncipe de Asturias en Miyares

Ricardo Gullón nació en Astorga en 1908 y falleció en Madrid en febrero de 1991.

Hijo de abogado, no tuvo más remedio que estudiar derecho, aunque no era lo que realmente le gustaba. Su sueño era ser escritor y desde muy joven luchó por cumplirlo.  En la universidad contactó con intelectuales de la época, como Ortega y Gasset, que le invitó a participar en Revista de Occidente.  En 1933, tras aprobar la oposición a fiscal, fundó la revista Literatura y se casó con Luisa Palacio Pintueles, nieta de D. Fernando Pintueles, el indiano que mandó construir La Venta de Miyares en 1898.

La guerra civil y sus consecuencias

Ya como fiscal fue destinado a Soria y apenas 3 años después, al estallar la guerra civil,  el matrimonio de trasladó a Alicante, donde trabajó para el ejército republicano. Tras la guerra, cumplió tres años forzosos de inhabilitación, tras lo cual fue destinado a Santander, como teniente fiscal. Los años santanderinos fueron años muy productivos desde el punto de vista literario, pues escribió varios libros. Fue cofundador de la Escuela de Altamira, una asociación de críticos y pintores que dio un enorme impulso a la vida cultural del Santander de posguerra.

Juan Ramón Jiménez y el periplo americano

Ya siendo jefe fiscal de la audiencia provincial, su gran amigo, Juan Ramón Jiménez,  muy delicado de salud tras la muerte de su esposa Zenobia, le llamó desde su exilio de Puerto Rico  para que le ayudara a organizar sus obras . No se lo pensó, dejó España y la carrera fiscal en 1956 con su esposa y sus tres hijos, Soledad, Luisa y Germán, rumbo a su propia aventura americana.

Juan Ramón Jiménez enfermo y con un carácter difícil, encontró en Ricardo Gullón la ayuda necesaria para organizar sus escritos y un gran apoyo tras la muerte de Zenobia. Fruto de estas vivencias nació el libro: Conversaciones con Juan Ramón, muy significativo ya que éste falleció poco tiempo después.

De Puerto Rico viajó a Estados Unidos, donde la Universidad de Texas en Austin, le ofreció un puesto de catedrático que aceptó gustosamente; así empezó su periplo norteamericano, que le retuvo en Austin quince años, con varios períodos como profesor visitante en Stanford,  la Universidad de Nueva York y la Universidad de California en Los Ángeles, hasta que  en 1974 se trasladó a la Universidad de Chicago, institución a la que estuvo unido seis años, para pasar luego a la Universidad de California, Davis, donde casi a sus ochenta años siguió impartiendo cursos de doctorado.

Y llegaron los premios

Trabajador incansable, obtuvo su recompensa sin pedirla, convirtiéndose en el primer crítico literario al que concedieron, en esa época, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1989 y nombraron miembro de la Real Academia de la Lengua Española en 1990.

Sus estancias en La Venta de Miyares  siempre fueron constantes, pero se intensificaron tras heredar la casa su esposa, Luisa Palacio Pintueles. Parece ser que los veranos se alojaban allí con sus hijos, sobrinos y otros familiares. Tras su muerte en febrero de 1991, su mujer siguió pasando los veranos en Miyares rodeada de su familia hasta su fallecimiento.

La casa quedó en manos de sus  hijos y nietos, que disfrutaron de ella durante años, hasta que decidieron  venderla en 2018.

Y ahí aparecimos nosotros, justo en el momento oportuno, cuando el universo entero conspiró para hacer posible que nuestro sueño comenzara.

La Venta de Miyares